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jueves, 26 de mayo de 2011

La Confianza como valor esencial

La desconfianza es una semilla que germina en cualquier tipo de suelo. En la medida que se siembre desconfianza, muy probablemente se cosecharán tragedias. Ésta semilla surge gracias a varios nutrientes; tres de ellos son: la violencia que fractura el tejido social; las perspicacias que sugieren ápices de malignidad en el proceder del otro; y el desconocimiento, que en nuestro contexto ha representado lo temido y oscuro, y – por tanto-, lo que se debe anular.

Por otro lado, la confianza refleja una actitud expectante ante la vida y lo que sucederá en el futuro. Representa la idea de que todo lo que está por venir será mejor, así como las posibilidades de contar con las capacidades, responsabilidades y buenos oficios de los demás.

En una democracia como la nuestra, sustentada en el principio de Estado Social de Derecho, la confianza se construye a partir de la legitimidad de las instituciones del Estado, la legalidad en las relaciones entre los ciudadanos y ciudadanas, así como la transparencia en el proceder de las empresas con respecto a la implementación de prácticas limpias que, además de rentabilidades, representen beneficios y bienestar para la sociedad en general.

Para el caso del Departamento del Cesar, al igual que la región Caribe y el país, construir confianza luego de episodios de violencia y conflicto arraigado, y aún durante ellos, representa la necesidad de dar pasos cada vez más claros y concretos en los siguientes aspectos:

Aproximarse cada vez más a los propósitos de Verdad, Justicia, Reparación y, hoy más que nunca, de Garantías de no Repetición. De igual forma, es preciso velar por que las enunciadas leyes de víctimas, tierras y recientemente de desarrollo rural, sean verdaderos pasos hacia la generación de condiciones para la dignidad humana y el desarrollo integral que aspiramos.

 
Recuperar la plena vigencia de los derechos humanos y deberes ciudadanos; ratificando como expresión de garantías, la fluidez y transparencia en las relaciones entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial en todos los niveles y contextos.

 
Promover la participación ciudadana y el control social como estrategias para construir relaciones edificantes que establezcan los acuerdos por la vida que se desea vivir. Así mismo, hacer de la rendición pública de cuentas un hábito democrático generador de confianza, transparencia y apropiación ciudadana de las realidades sociales, políticas y económicas de los municipios y departamentos.

 
Superar los actuales esquemas de intervención y asistencialismo, que representan afectaciones graves a mediano y largo plazo, dando paso a la generación de empoderamiento y cogestión del desarrollo socioeconómico desde la concreción de alianzas público privadas que dinamicen la inclusión de comunidades y organizaciones sociales a dinámicas de desarrollo y paz a nivel local y regional.

Por último, en aras de la confianza, es de vital importancia, trabajar por la inclusión, respeto y reconocimiento por la diversidad y la diferencia como algo natural e indisoluble.

En un país donde la diversidad es característica, la confianza se cimenta en el respeto y valoración de las diferencias de género, raza, poblaciones, cosmovisiones, ideas y propósitos.

El desafío está planteado; la confianza es un valor social esencial para construir desarrollo, paz y convivencia; y en un Estado Social de Derecho, la confianza debe ratificar la idea de que “la democracia brilla cuando el poder pasa de unas manos a otras sin que medie la violencia; sin pérdidas de memoria; y en la dignificación de la sociedad y las personas, quienes al final de cuentas, son su esencia y razón de ser”.















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